¿Es posible aunar diversión y ocio con aprendizaje y educación?, Pues parece ser que sí y existen métodos que lo hacen posible.
Como el método STIG, por sus siglas en ingles (Skills Training Interactive Games), que basándose en estudios propios y de prestigiosas Universidades como Harvard o Yale entre otras, hace posible que de forma casi involuntaria, los usuarios de esta tecnología potencien y aumenten sus capacidades cognitivas tan necesarias en las actividades intelectuales como la memoria o el cálculo, y las habilidades sociales y de gestión, como el trabajo en equipo o la planificación estratégica.
El método STIG es un sistema práctico y guiado, que aprovecha ese «efecto secundario» tan beneficioso del videojuego, amplificándolo a través de la práctica, la toma de conciencia y la participación de sus usuarios, facilitando, de una manera natural e intuitiva, que desarrollen todo su potencial.
Pese a contar con apenas un año de existencia, está en plena expansión y ya ha sido acogido de buen grado en centros culturales de la ciudad de A Coruña y en Gabinetes de Psicología para impartirlo como actividad extraescolar y de apoyo académico.
Cuatro son los enfoques actualmente: El desarrollo cognitivo y de habilidades, La enseñanza en el manejo de los videojuegos entre los menos jóvenes, El videojuego como herramienta de acercamiento entre padres e hijos, y por último, La aplicación del videojuego como vía interactiva en la lucha por la igualdad de género.
El videojuego, tantas veces denostado, ridiculizado y menospreciado por muchos, es y seguirá siendo una actividad que no solo divierte, sino que también educa y enseña. Esto es algo que ya algunos intuíamos y que ahora la ciencia avala. Es el momento de pasar a la acción.

